martes, 19 de agosto de 2008


LUIGI NONO: LA OSCURIDAD DEL “AHORA”
O
SI LO QUE QUIEREN ES VACÍO



“[…] había captado el instante
a partir del cual la luz,
había tropezado con un acontecimiento verdadero.
[…] Yo la veo, esta luz fuera de la cual no hay nada.”

Maurice Blanchot


Luigi Nono (1924-1990), compositor veneciano ligado a la música serial, concreta y electroacústica, viaja a Buenos Aires, en la década del sesenta, donde realizará clases de música en el Centro Latinoamericano de Altos Estudios Musicales del Instituto Torcuato Di Tella. En 1971, tras enterarse de la muerte del activista político chileno Luciano Cruz Aguayo (1944-1971), decide comenzar la obra que posteriormente le dedicará y titulará: Como una Ola de Fuerza y Luz, para Piano, Orquesta y Cinta Magnética. Obra de una relativamente extensa proporción, su estructura suele presentarse en tres partes, más un prólogo: Comienzo, I. Interno dolce, II. Duro deciso y III. Dolcissimo sereno; los cuales, en conjunto, suman poco más de media hora, en la versión dirigida por Claudio Abbado.
No conocemos el programa concreto de la obra y mucho menos pretendemos explicar las motivaciones específicas que su compositor tuvo para realizarla. No es nuestra intención, aquí, establecer una guía descriptiva para su “correcta” audición, sino, simplemente, establecer un comentario apreciativo de su alcance cultural. El por qué un compositor reconocido en el medio musical contemporáneo, de la talla de Nono, decide homenajear a un mártir de la causa popular chilena, es algo que podría estar conectado con la obra previa del compositor, quien realizara música con la letra de Neruda y Lorca, por nombrar algunos, relacionados con la lucha contra el fascismo y la demanda de justicia social.
Nono increpa: “¡Ascoltare!”. “¡Escuchar!”, (como en su ópera: Prometeo. Tragedia dell'ascolto, de 1984). Esto no es una mera evocación, sino la demanda. No es la sola provocación, sino el núcleo sintáctico de la larga frase que constituye el género humano. Es la clave, el axioma de una interpelación antropológica. “¡Hombre, escucha!”, dirá Mahler al comienzo del cuarto movimiento de su Tercera Sinfonía. Este sería su equivalente, el espíritu que anima su “¡Escuchar!”.
Nono aplica un trabajo de síntesis orientado a la asimilación efectiva de un “ahora” oscurecido por la radicalidad del acontecimiento. No reclama, no ordena, es la pura labor del hombre, lo concreto de ser ese tipo de animal: “especie que escucha lo que oye”.
Su sonido es de largo alcance, de corte universal, una prolongación de la idea, que se hace extensiva a todos los seres que cubren el territorio de lo habitado. A esa especie que hace sombra, allí, donde golpea, reverbera y tintinea el mensaje: “¡Luciano!, ¡Luciano! ¡Seguirás flameando!"
Allí, donde quien no oye, sino que solo ve y percibe un gran vacío, ahí, justamente ahí brotará el Hombre. Ni como sonido individual, ni como faena de un solo obrar, la libertad del acto colectivo, prevalecerá como expansión sónica, como una juventud intemporal, desapasionada, pero bella en su iridiscente silencio.
Universalizar aquel intento de superar la maniquea relación, cárcel y grillete: espíritu/materia. La pura comprensión, en su pura luminosidad, la consumación total del hecho audible, su pathos, es siempre y en cada gesto, llegar a la mente, penetrarla, redimirla de ese marasmo, de ese mar estanco, en el que la voluntad y los actos nacidos de ella, se han vuelto auto-engaños. Para esa pleamar de vidas a medio existir, la obra de Nono se transformará en lección. Lección para esos filisteos que se agazapan en sus mezquinas hijuelas de poder: gusarapos del espíritu.
Insaciable en su sed por alcanzar la plena perturbación del oyente, el aguijón de su sonido no lo dejará a merced del tic-tac implacable. En su temblor tanto como en su ausencia, su vacío hará moldes para refugiar a ese triste resultado de la experiencia auditiva, a ese sujeto oyente, ahora, hecho carne para la consumación de una conciencia. Cuerpo devorado por el alma del escucha.
Sabroso misterio el de lo vivo. En el resonar del instante quieto, en el trémolo, en ese mar de ansiedad, una gélida acústica lo envuelve todo, como un estrago, como un trino en la conciencia. La propia insignificancia, acurrucada entre el “ahora” - en su oscuridad - y en su doble - la vasta mirada hacia un vacío que cala en lo más hondo - se triza, se hunde, como el copista medieval iluminando su anegado claustro con el correr de la pluma sobre el papel ajado.
La nota, a punto de cuajar en la nada, se descuadra de su soporte real derribando lo invisible, en aquello que no tiene perdón, en lo irremediable, lo sin retorno. Como la idea que rompe el mar de hielo que cada uno lleva, como pesar en la conciencia, la oscuridad de Nono irrumpe, iluminando la noche, con una oscuridad que la doblega. El brillo metálico de su “ahora”-“escucha”, irrumpe, ola tras ola, abriendo grietas en el vacío. Ahora, cuando más nos golpea, ahora, cuando sólo se anhela más vacío, la música de Nono y su razón, Luciano Cruz, iluminan la noche, dan sustancia al sonido, cuerpo a la imagen, y en su reverdecimiento, la semilla florece, no podrá ser callada.


M a t í a s U r i b e V.

7 comentarios:

cosmonauta del tao dijo...

Y MIENTRAS TU TE DEDICAS A REFLEXIONAR Y ESCRIBIR YO CUIDO TUS GATOS?

SABES QUE ESPERABA ANSIOSA ESTE TEXTO.

Matías Uribe dijo...

Cosmonauta, gracias por cuidar de los muñecos. Te debo una. Qué pensás de Nono?

cosmonauta del tao dijo...

Yo que tuve el privilegio de escuchar el texto y escuchar la obra, te puedo decir que coincido con tu apreciación o mas que eso, con tu emoción frente a ella.

Despertar conciencias, un llamado a escuchar, a estar presentes, alertas, al ahora...

Simplemente hermoso, emocional sobre todo cuando expresa con toda su fuerza nuestra historia, la historia no contada, olvidada... La historia de un líder mirista, de nuestras lluvias, de nuestro sur.

Nono tocó mi espíritu. Durante un lapso de tiempo, me sacó de la evasión del vino y me enfrentó con todo el poder del ahora.

amnesia dijo...

me pasa primero ke me siento pendeja frente a estas historias...pero ke, por lo mismo, kon estos registros, esa historia repercute en mi corazón con una fuerza extraña ke no logro describir, emocion, en fin...
me pasa ke naci en una epoca en ke todo es medio, todo es tibio, todo es mas o menos, por eso me resulta un poko konflictivo sentir la pasión de seres radikales, extremos, ke luchan con su vida, pero la emoción vuelve y es por algo, emocion, en fin....
me pasa ke tu texto lo siento tan intimo, tan surgido del vino , la musica y tu corazon ke es eso lo ke también me transmite emoción...abrió la puerta para curiosear por google y descubrir el nombre de ese pasado ke es mio y de todos aunke todo el tiempo no tengamos idea.....
gracias a nono entonces ¿¿¿cierto??

Matías Uribe dijo...

Amnesia, justamente: emoción, más no fatalidad. Amnesia; memoria, no olvidar. Radicalidad de la conciencia que surge por una madre: curiosidad.

ensilencio dijo...

mmm, quiero "vivirlo" Matías.
ese es mi escueto comentario.... y respuesta frente a tus impresiones letradas de NONO.
y gracias por compartir(me-nos) lo tuyo

Matías Uribe dijo...

Oye, Silencio, buena tu aspiración de vivir(lo-se) fuera del texto. Para ser silencio eres bastante locuaz. El mmm de la elocuencia.