lunes, 29 de septiembre de 2008

LA SARDÓNICA BELLEZA DE UN MUNDO FEO. LA REBELIÓN DE LOS PELUCHES DE PATRICIO CURIHUAL. SEGUNDA VERSIÓN (TEXTO ÍNTEGRO)

LA REBELIÓN DE LOS PELUCHES: LA SARDÓNICA BELLEZA DE UN MUNDO FEO.


Uno permanece fiel a las ideas y las hace tan buenas como puede.
Si comienzas a tratar de complacer a un público desconocido, estás perdido.
Uno tiene que vivir con lo que hace y no saber lo qué va a pasar.
Debes vivir con eso y ser fiel a esas ideas.

Esta cita de sabor moralizante, es un extracto de una de las últimas entrevistas dadas por el cineasta David Lynch, y aunque se refieren a un contexto bien particular, pienso que quien encarna a la perfección con esta demanda, por la constancia y perseverancia que se desprende de ella, es nuestro artista Patricio Curihual.

Patricio Curihual, "el Pato", "Zapato", "Aparato" o, simplemente, "Aventura", es el creador de una obra rica, diversa, frondosa y proteica, como lo es, en su ser mismo, La Rebelión de los Peluches.

Concebida hace poco más de tres años (no obstante, aquellos que estén familiarizados con la obra del artista sepan que tal plazo podría extenderse a cinco, seis, incluso siete años desde los albores de su concepción) la obra tuvo siempre como objeto y objetivo un sector amplio y conocido de la sociedad valdiviana.

Aunque críticas ocasionales y periféricas a la obra anunciaran ya su naturaleza ajena y extraña, su apreciación debiera realizarse en lo que ella encarna: una verdadera acción de arte. A sí es. El alma de la obra de Curihual vive en la acción. Lo que ahora se presentará es parte de la producción general. Es uno de lo resultados tangibles de un proceso mayor. Es por eso que hay que recalcar que la obra de Curihual se desarrolla en la faena de su producción. Quienes hayan trabajado, socorrido o hayan sido testigos presenciales de alguno de sus actos performativos, podrá dar cuenta de esto.

Este es el propósito de su autor: motivar, estimular, proyectar en el imaginario del transeúnte una imagen corrosiva de su propia naturaleza: chillona, sobrecargada, mordaz en su ironía, socarrona, estrambótica, desmesurada, ribereña.

Quizás es por esto que la obra le ha acarreado a su autor demandas (afectivas y sociales) altercados (pasivos y no de graves consecuencias que lamentar), litigios (también de índole doméstica), censuras, asombro, malentendidos y un largo y espeso etcétera que de seguro se estampará en el recuerdo de una vida pequeña o en el lamento de una existencia plana.

Estas pequeñas y grandes cosas, de alguna manera, ya viven en la trayectoria artística de su autor, la cual, puede ser comparada con la frondosa imagen de un árbol. La versatilidad, la constante reinvención de sus propósitos conceptuales y una inusitada capacidad de convocar e integrar a distintos actores que colaboran y, en muchos casos, componen la propia obra, son algunos de los rasgos que sobresalen de su trabajo como nudos que brotan de un tronco axial.

Lo anterior toma cuerpo y concreción en la serie de obras que se presentan a modo de síntesis en esta oportunidad. El autor ha dicho que no se trata de un filme y agrega ¿por qué insistir en la preeminencia de que el material cobre la forma de un filme?
Más cerca de la fotonovela y el modo del diaporama, el resultado de su ACCIÓN adopta la forma de una historia o cuento visual. Las consecuencias morales, no obstante, saltan y muchas veces degüellan los ojos del espectador, lo que le acerca más a la fábula. El espectador es un niño, de ahí su textura infantil, PELUCHESCA.

A partir de un sustrato común: el entierro y desentierro de los peluches, su autor irá hilvanando una serie de sucesos y personajes que, a la manera del follaje vegetal, cobrarán insólitos modos y formas desplegadas en una temporalidad de contornos indefinibles. No obstante, el contexto y la caracterización de los personajes y eventos, resuenan con potencia en el imaginario del espectador.

Como ha dicho el artista, una de las intenciones fundamentales de su obra tiene relación con la observación de lo humano. Este carácter antropológico contrasta de manera sustancial con el tratamiento de los personajes y las situaciones a las cuales éstos son expuestos. La obra de Curihual, en su centro, adquiere la apariencia de lo extremo, de lo no familiar.

A través de la manipulación más o menos conciente de elementos y técnicas tradicionales de la dimensión estética - fotografía, performance, instalación, pintura y una apropiación al discurso gráfico del cómic-, lo familiar (lo "real" o "auténtico") queda travestido por otra realidad, rica, arborescente, que toma la apariencia de lo no familiar, lo raro, lo insólito. Las consecuencias que acarrea el actuar de los personajes, los dejan siempre como en el borde, en lo extremo de una realidad creada a partir de su verosimilitud.

Ejemplo de esto son los marcados rasgos que perfila a la serie de personajes indicados con el antepuesto de “mister”: el, a su manera, asombroso (por no decir “cuático”) Mr. Jugo; el goriloide amaestrado y ambicioso: Mr. Celco; el grotesco e inquietante: Mr. Kúrkuman; el tristemente célebre Mr. Estúpido; o, por otro lado, el asombroso comportamiento de personajes tan carismáticos y extrovertidos como la temible Madre o su frustrado y esclavizado hijo Gabriel Alejandro; así como la descollante, erótica y reventada Cariños Plástik, o la diva gonorreica Reina de los Líos.
Por otro lado, el caso del anfetamínico aporreado Miguel Daniel; el acosado, fálico y “pichulero” episodio del Pilucho; los vengativos y retorcidos sucesos que llevan a cabo los interplanetarios ( el general Koldrich y el Capitán Ladkrom); así como el Johny Nenu, los neuróticos e inauditos Hidrofóbicos; Rafael, el Locuaz Maniquí; además de una decena de personajes que no entran en la síntesis, pero que ya son parte del sabroso recuerdo de quienes vimos nacer y morir como entidades maravillosamente construidas, tales como: las Rubias, el Asexuado, los Hombres Verdes, los Hombres Rojos, el Hombre Amarillo, por nombrar algunos.

Estos personajes y episodios mencionados, bajo la mirada atenta de su creador, configuran un mundo que choca con este mundo.

Encuentro y desencuentro de realidades. El modelado y la plasmación definitiva de sus personajes, le pertenece en gran medida al espectador. A la manera de aquellas máquinas de resonancia magnética que desmaterializan la imagen externa de los cuerpos, Curihual logra desmantelar la forma que adquieren las relaciones de tipo socio-eróticas, denunciar lo absurdo y lo ridículo de lo llamado “real” y evidenciar el dispositivo manipulatorio e instrumental de una manera de entender las relaciones vinculares y afectivas de un determinado sector de la sociedad. Esnobismo, cinismo, impostura, simulación, en suma, miseria, falsedad y apariencia que determinado segmento del grupo social imprime como “lo normal”, “lo formal” y “lo establecido”.

La acción estética de Curihual, en cuanto a su actividad, se manifiesta en variadas líneas de expresión que, de acuerdo a los casos, se afirman en lo transdisciplinario y en una suerte de política de integración que el artista concibe como mecanismo de creación. Fotógrafos, pintores, músicos, poetas, estudiantes y trabajadores de los más diversos rubros, componen la red de apoyo y participación que, generalmente, requiere la concreción de los objetivos proyectados por el artista.

La ciudad de Valdivia queda inscrita como el escenario, el taller y la valla anti-publicitaria de sus punzantes planes. Al contrario de los discursos hegemónicos progresistas y “desarrollistas” promovidos por la oficialidad, el sentido común, la opinión pública, el “buen vecino”, y todo el aparataje reproductor de un tipo de realidad, la obra de Curihual se levanta y emplaza como destructora de lo irremediable: el santo, ícono de esta ciudad (San Sebastián), representado en el afiche de publicidad para esta ocasión, es la prueba visual de este aspecto: la belleza exuberante, horrenda por aquello que apela, pero al fin bella en su redención por este mundo feo y vergonzoso. Su trabajo se vuelve risa, carcajada sardónica, mueca despectiva, pero al fin simpática y hasta compasiva con las criaturas que habitan ese mundo.

La realidad, el mundo de La Rebelión es de una consistencia tamizada, cernida por la manipulación de su creador. Sus criaturas, modelos de comportamiento no ejemplares, irrumpen en la cotidianidad y lo ordinario de las existencias ciudadanas. La realidad puede ser más “chillona”, sobrecargada y aplastante de lo que su apariencia desea revelar. La realidad es sacrificada por su doble. En este sentido, la argucia de su creador radica en lo proteico. Al igual que el dios antiguo (Proteo), quien tenía la habilidad de cambiar de forma y predecir el porvenir, su creador no sólo dota a sus personajes de poderes transformativos, sino que dicen lo que será realidad.

Sacrificar la realidad para recuperarla: epitafio que exuda sentido en un mundo que parece arrancarlo y suplantarlo por su apariencia.



Matías Uribe

2 comentarios:

amnesia dijo...

a propósito de el comienzo del texto
me contaron por ahí ke el cineasta favorito de pato es David Lynch, coincidencia con el nombre de la calle en la ke vive tbn....

y bueno para ke hablar de lo ke se ve tbn un poko en sus trabajos

habrá algo más de Lynch oculto por ahí????

Matías Uribe dijo...

De hecho su quineto sobrenombre es "Patolynch"