lunes, 3 de noviembre de 2008

LA MUERTE (DOS)


No hay encuentro con la muerte. Sólo mueren los otros. Y su alteridad es garantía de mi exención respecto de esa muerte que a ellos los arrebata porque, de algún oscuro modo, la merecen. No basta con que los otros mueran o sufran. Es preciso que mueran y sufran como “otros”, por ser otros y en función de ello. Que paguen de ese modo el precio de la culpa contraída por su extranjería. Sólo si ellos son ajenos yo soy salvo. Ha sido siempre así.
Tal vez no exista otro modo de soportar la condición trágica de ser contingente y saberlo. De estar, desde el principio, destinado a no ser sino “polvo, sombra, nada”. Y saberlo. O sospecharlo: no hay embrutecimiento religioso – por muy bárbaro que este sea – capaz de borrar del todo esa sospecha. La muerte ajena – verdaderamente ajena – es así exorcismo de nuestra necesaria muerte. Los cadáveres deben ser demonizados: mueren porque son culpables.
La Muerte, Gabriel Albiac.

2 comentarios:

amnesia dijo...

y nuestra vida es a causa de la muerte..es necesario ke nuestras células mueran para poder seguir viviendo, es necesaria la muerte de la fruta, ke cae del arbol, para que surja el nuevo árbol, la muerte que abona la tierra, la muerte del dia soleado para que llegue la lluvia y la hierba siga creciendo...la muerte de eso ke es tan mio y tan "otro" (ajeno, pero propio) al mismo tiempo..una conjugación compleja que nos llena de vida y de hecho nos hace saber que aunke no siempre pensamos todo el tiempo existimos..estamos vivos, eso creo......

Matías Uribe dijo...

Gracias Amnesia. Como dice Mahler en su Segunda Sinfonía: "de la tierra vengo, a la tierra tengo que volver" ... es tan vieja la historia. Albiac retrotrae el sintagma, como Freud: "le debo una muerte a la tierra".